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Mi trastorno y yo

Supongo que me ha decidido escribir el hecho de haber superado o, menos osadamente, “tener controlada” una enfermedad que me ha hecho sufrir durante 21 años, llevándome hasta cerca de la muerte en varias ocasiones. Y es curioso porque me decido a hablar de mí cuando a menudo uno escribe mejor sobre las cosas con las que tiene una cierta distancia. También creo que mi experiencia me da fuerza para transmitir lo que os quiero explicar.

Realmente he pasado de la no-vida a la vida. Y los que hayan topado con este escrito ya se estarán preguntando de que enfermedad se trata. Hace un año y siete meses se me diagnosticó un TLP (Trastorno Límite de Personalidad). El sentido del humor me ha acompañado y ayudado en la enfermedad. Yo decía que era una trastocada al límite.

Recuerdo hoy, el primer día que un médico me dice la noticia y al mismo tiempo me aconsejaba que para superarlo tenía que hacerme amiga de mi TLP.
Me costó, no es fácil aceptar una enfermedad tan compleja y puñetera como esta. No me gusta mucho como la han bautizado ya que a menudo las etiquetas dominan demasiado.

Se trata  de un trastorno de la personalidad, dicho de otra manera, de unos trazos de la personalidad que condicionan el pensamiento, sentimiento y actuaciones de la persona.

Como veis la enfermedad abarca áreas esenciales de la vida. A medida que iba leyendo sobre el diagnóstico mi obsesión y angustia (trazos también inherentes del enfermo de TLP) aumentaban y me veía perdida en una serie de características despreciables sobre mi YO. No sabía por donde empezar y como en otras ocasiones veía más corto el camino hacia el caos que hacia la curación.

Empecé a optar por el segundo y aunque no ha sido fácil, estoy contenta con todo lo que he conseguido.

También por esto, supongo, ya que las cosas que cuestan un esfuerzo y son hijas de la lucha, valen la pena y se valoran. El placer inmediato, postura a menudo ejercida por mí durante años, no lleva a ningún sitio. Lo peor es que uno se hace adicto al dolor y ya no cree que sea posible otra vida. Si que lo es.

Un rasgo que a primera vista puede no parecer tan grave como la impulsividad, cuando acaba siendo universal es desesperante. No es que la persona TLP sea corta (de inteligencia) y no piense, es que actúa según sus impulsos constantemente y esto, creedme, es agotador.

La emotividad. Todos sabemos la importancia de sentir, emocionarse, pero cuando la persona solo vive según las emociones es como un caballo desbocado a merced de pasiones y derrotas, pasando de la euforia al caos y esto creedme, también cansa. Bajo una baja autoestima revestida por unas pinceladas  de hipersensibilidad y vulnerabilidad emocional, el enfermo se convierte en una persona conflictiva y problemática. Yo no entendía el porque de tanto sufrimiento, pero sufría mucho, os lo aseguro.

La dificultad para acabar los procesos  y la gran inconstancia me dificultaban poder seguir con continuidad cualquier tarea o relación. Y claro, la gente no lo atribuía a una enfermedad sino a un acto de maldad o falta de ganas. Por  esto  se vuelven a menudo difíciles las relaciones con una pareja, conservar un trabajo o mantener relaciones de proximidad con los demás.

La depresión es una constante en la vida del TLP, frente a la cual el enfermo tiene muy pocas herramientas y convicciones que el ayuden a remontarla. Esta se manifiesta entre episodios de melancolía o aderezada por una tristeza constante. El sentimiento de vacío, hiperculpabilidad y angustia muy fuertes.

Recuerdo cuando iba religiosamente a encuentros semanales con mi terapeuta. Yo el explicaba cosas y el me devolvía la versión de los hechos narrados. La distorsión de la realidad es también un rasgo característico de los enfermos TLP.

En esta enfermedad, hacer una terapia no es una elección, es el camino a la curación, una cuestión de vida.

Es indispensable cuando una persona se decide a hacer terapia, que tenga claro que no ha de ir a buscar consejos, ha de ir a aprender a encontrar herramientas dentro de él para resolver y aceptar conflictos, para entendernos a nosotros mismos.

La rabia y la ira se intercambian los vestidos pero siempre había una conmigo. Ahora que lo veo con perspectiva entiendo estos sentimientos persistentes. En episodios críticos donde todo se volvía un caos las únicas respuestas no-conscientes eran estas como  resultado de una incomprensión de los pensamientos y comportamientos que el YO experimentaba. La autodestrucción  se convertía en un ítem frecuente y la evasión también.

No amaba la vida, el sufrimiento te va desgastando interiormente y cansada de dar palos de ciego sin encontrar un mínimo aliento de tranquilidad, la enfermedad oscurece todo reducto de esperanza. La inconstancia te hace abandonar terapias, no entiendes y nadie puede hacerlo tampoco. De cara a los demás, todo se ve como un acto de rebeldía y malas intenciones, nadie piensa que es fruto de una enfermedad muy difícil.  Difícil para el que la padece y para los que conviven con ellos.

La inestabilidad emocional  del enfermo TLP es uno de los rasgos aparentes. Yo lloraba mucho, me desesperaba a menudo, la vida se volvía en cuestión de segundos una tragedia griega, sin causa. En cuestión de minutos podía cambiar y la euforia lo inundaba todo, una euforia desmesurada, como la mayoría de sentimientos que experimenta la personaTLP.

Donde están los límites, es realmente difícil de establecer. Por esto también el nombre de “Borderline” que recibe esta enfermedad, que no es lo mismo que un coeficiente borderline,  estamos hablando siempre de personalidad, insisto.

Cuando no hay límites o la persona tiene dificultades para marcarlos, la vida se convierte en continuos altos y bajos difíciles de templar. La dificultad para establecer relaciones sanas y basadas en el respeto hace que la vida nos cueste mucho, ya que vivir entraña el hecho de relacionarse con los demás. Además, pasamos de idealizar a una persona a devaluarla poco después. Confundimos sentimientos hacia los demás y no sacamos nada en claro.

Tememos la soledad pero somos incapaces de mantener una convivencia, incluso con el terapeuta, nos cuesta establecer límites y pasamos a relaciones de extrema dependencia.

Gracias a una medicación acertada y una terapia a fondo y constante (aún que esto es un rasgo opuesto al TLP) he conseguido asumir una estabilidad que me permite vivir las cosas

De una forma tranquila como la gente que no ha padecido antes este trastorno. Doy gracias por haber tocado fondo para saber que estaba invadida por una enfermedad difícil pero no sin salida. Cuando tocamos fondo no nos queda más remedio que iniciar el camino hacia arriba.

Mi primera incursión en el mundo de la psiquiatría y la psicología fue a los dieciséis años, a raíz de una anorexia nerviosa. Entonces no se oía hablar mucho del TLP, ahora en cambio y por suerte hay muchos recursos  cerca. Cuando después de diez años supere la anorexia me olvide de todo. Pero el trastorno aún estaba y se hizo patente en muchas ocasiones.

A los treinta y siete años he tenido que empezar de cero, deshacer caminos mal trazados, desaprender todo lo que pensaba y había aprendido. Vale la pena, aunque ha sido a base de tocar fondo  y replantearme la vida. Recomiendo a todos que si pueden, hagan una parada, piensen y re-dibujen su futuro. Nos quejamos y a menudo  no somos conscientes de que podemos cambiar cosas, nos acomodamos a rutinas para no sufrir, pero nos olvidamos de nuestra alma y ella  es todo lo que tenemos. Hace falta cuidarla y os invito a hacer un trabajo de crecimiento personal. Estar bien consigo mismo, cambiar la visión de las cosas que es fundamental para estar bien con el entorno. La soledad, también muy temida por mi en el pasado (básicamente y ahora lo veo, porque yo no estaba bien) es un regalo para conocernos.

A todos mis compañeros TLP, familiares y ex-TLP para que no pierdan las ganas de luchar, para que busquen y no paren hasta que encuentren un terapeuta que los entienda y les quiera ayudar, porque una vida de calidad es posible.