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Mi primer contacto con el TLP

Mi primer contacto con los Trastornos Límite de Personalidad, tuvo lugar hace casi 15 años a través de Daniel, el hijo de mi mejor amiga. Bien es verdad que en aquellos años, ninguno de los psicólogos que diagnosticó y trató a Daniel de pequeño le calificó como tal, y que en esto fue en lo único que coincidieron todos los  profesionales, ya que en cuanto a los tratamientos que le aplicaron, ningún profesional propuso el mismo que el anterior.

Si el diagnóstico de Daniel fue nulo y los tratamientos erróneos, el resultado no podía ser otro que un desastre total y absoluto, y las víctimas de todo esto el paciente y su familia.

Solo las personas, que han tenido o tienen un familiar con este tipo de trastornos, pueden saber lo que supone vivir en un infierno permanente, que se intensifica por el cariño que sientes hacia el enfermo y por la sensación de impotencia de no poder ayudarle, y por otro lado la tortura , a la que se ve sometida la familia por el propio enfermo.

Tengo que reconocer, que en ocasiones he pensado lo mejor para Daniel y su familia es que éste “desapareciera”, ya que de esta forma él descansaría y mi pobre amiga y su marido podrían vivir. Igualmente, tengo que reconocer que más de una vez he olvidado a ese niño, hoy adulto, que tanto daño estaba haciendo, y esto porque, si hoy en día que se conoce perfectamente este tipo de Trastornos, y que se sabe que quienes lo padecen están enfermos, y son sus primeras víctimas, es difícil mostrarles comprensión y cariño cuando en  una crisis, hace varios años, cuando simplemente se les consideraba “mal criados”, “mal educados”o “psicópatas”, lo más normal era darles de lado y tenerles cuanto menos prevención.

He visto familias, que ante hijos, hermanos o familiares con este problema, se han desmembrado, roto y arruinado y como una sociedad egoísta y falsa les ha dado de lado y ha mirado hacia otro lado, no creando ni siquiera los medios necesarios para tratar a estas personas, y siempre me he preguntado cómo reaccionaría yo si tuviera un hijo así y la contestación siempre ha sido la misma.

Yo nunca hubiera podido soportar lo que mi amiga, la madre de Daniel y su marido ha pasado y que en todos los casos que en el transcurso de los años he visto, Dios, la Providencia, El Destino o lo que quiera que rija los destinos de este mundo, siempre manda este tipo de hijos a los mejores, a los más fuertes, a aquellos que pese a todo les siguen queriendo, que son capaces de hacer los mayores sacrificios, a destrozarse su vida para intentar ayudar al se que quieren, a los que son todo generosidad. Ahora solo espero que dios, La Providencia, el Destino o lo que quiera que rija este mundo, se acuerde de ellos y permita que se encuentre un tratamiento certero ( y que la Seguridad Social lo pague) para que estas personas puedan ayudar a otras personas no solo a sus familiares, porque en nuestra sociedad se necesitan personas así.

Espero de corazón, que entre todos busquemos soluciones y que lo antes posible se encuentren tratamientos que palien los sufrimientos de quienes padecen el Trastorno Límite de Personalidad y de sus familias.