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Marina Foret: “Un 2% de la población es ‘borderline'”

Entrevista de Víctor-M. Amela. La Vanguardia, La Contra, 28/01/2004

Tengo 61 años y nací i vivo en Barcelona. Soy ama de casa y presido la Fundación Privada de Ayuda e Investigación del Trastorno Límite de Personalidad. Estoy casada, con cuatro hijos (de 39 a 32 años): uno de ellos, Ricky, tendría hoy 34 años, pero murió a los 26 víctima de su trastorno límite de personalidad.

-¿Qué es el trastorno límite de personalidad?
-Es el de una personalidad “borderline”. ¿Le suena?

-Sí, ¿la de alguien cuya inteligencia bordea la normalidad?
-¡No! Eso es una confusión: nada tiene que ver un trastorno límite de personalidad (TLP) con la inteligencia. Mi hijo Ricky era inteligente, podía obtener buenas notas en sus estudios…, pero padecía un TLP.

-Defíname usted ese trastorno, pues.
-Se la ha definido como enfermedad de los sentimientos y las relaciones interpersonales. La persona que la padece es impulsiva e inestable en sus afectos: falla en la gestión socialmente sensata de sus sentimientos.

-Suena bastante exótico…
-Pues no lo es, ¡afecta a un 2% de la población! Eso, en Catalunya, son 150.000 personas. ¡De hecho, afecta a 150.000 familias, lo que supone que implica a muchísima gente!

-Pues no había oído hablar antes del TLP.
-Porque es un síndrome de muy difícil diagnóstico. Muchos casos están mal diagnosticados por el médico. A mi hijo le diagnosticaron sucesivos síndromes: que si era paranoico, psicótico, esquizofrénico… Hasta que se entendió que padecía un TLP.

-¿Y cómo se manifestó en su hijo?
-Suele aflorar en la adolescencia. Ricky, a los 13 años, padeció un brote de angustia, de ansiedad, llegó a golpear su cabeza contra la pared… “A mí me pasa algo, mamá”, decía.

-Pero, ¿Hacía una vida normal?
-Sí… pero son personas muy sensibles a la mirada crítica del otro, al rechazo, a las broncas y reproches… Eso les estresa y les lleva a rehuir la vida social, a los amigos, a dejar de presentarse a entrevistas de trabajo…

-¿Qué otros síntomas tuvo Ricky?
-Tuvo brotes de anorexia (temporadas sin comer) y otros de bulimia (compulsión por la comida). Un día preparé una tarta de cumpleaños para su hermano, y Ricky entró en la cocina y la devoró entera, a solas.

-Habrá quien diga que era simplemente un chico malcriado, maleducado…
-¡Falso! A Ricky lo educamos como a sus otros hermanos. Decir eso es injusto con los padres, ya que se culpabilizan de sobra, pobres, y sin motivo… No, es un síndrome con una base biológica, pero aún mal estudiado.

-Bien, bien…
-Un día se murió su abuelo: se querían… pero Ricky se mostró frio, impasible. En cambio, otro día, ¡viendo una película de dibujos animados!, rompió a llorar desgarradoramente, como si se hubiera muerto alguien querido.

-¿Qué escena vio que tanto le afectó?
-Una tan inocua… A un personaje se les derretían los zapatos. ¡Tuvimos que salir de aquel cine, de tanto que lloraba Ricky!

-Uf, que complicado…
-Ellos sufren lo suyo. Sienten que no les entienden, que son inútiles y molestos, y crece en ellos la idea de que nadie los quiere.

-¿Son peligrosos?
-Para ellos mismos: hay autolesiones y suicidios… Y se dan también episodios de ira, y destrozan cosas… ¡Y al día siguiente son los seres más mimosos y cariñosos del mundo contigo! Y al otro son gélidos, pasan de ti…

-¡Menuda ducha escocesa!
-Sí. Es como si Ricky no tuviese una personalidad propia y tomase una distinta cada día, ¡o varias veces al día! Ricky tenía una sensación crónica de vacío, de no saber adonde iba… Los padres de un TLP quedan derrengados. Padre y madre se reprochan cosas uno al otro, y suelen darse separaciones.

-¿Cómo evolucionó Ricky?
-Cometía ya hurtos en casa. Porque son personas incapaces de administrar sensatamente el dinero y de calibrar el valor de las cosas. Y también cayó en la toxicomanía…

-Lo que faltaba.
-Entre los multiformes rasgos del TLP está la proclividad a las adicciones: droga, juego, sexo, alcohol, comida…

-¿Y qué hizo usted?
-Conseguí que entrase en un centro de desintoxicación. Por contrato, te comprometes a que, si el chico escapa y viene a tu casa, no le abrirás la puerta y le instarás a regresar.

-No me diga que llegó a suceder eso…
-Sí. Se escapó. No supe por donde andaba durante varios días hasta que, una madrugada, llamó a mi puerta, llorando, desconsolado, muerto de hambre y frío. ¿Sabe lo duro que fue para mí dejar fuera mi propio hijo?

-Puedo imaginarmelo…
-Volvió al centro. Volvió a escaparse. Desapareció. Me enteré de que ejercía de prostituto. Lo localicé a través de un detective y lo arranqué de allí, y lo llevé a casa.

-Que locura, cuanto sufrimiento…
-Le ayudamos a tener su apartamento. Pero son personas muy desorganizadas, incapaces de mantener orden y limpieza en sus cosas… En eso actúan como niños pequeños.

-¿Y en sus relaciones sentimentales?
-No suelen durar demasiado.

-¿Y cómo lo llevaban sus hermanos?
-Ansiaban independizarse, salir de casa para huir del infierno desatado por su hermano “borderline”, que es una enciclopedia de todas las neurosis y psicosis, tan poliédrico…

-¿Hay cura?
-Tratar un TLP desgasta mucho, les agota… y tiran la toalla. ¡Muy pocos se dedican a fondo en España a este complejo síndrome!

-Pero, ¿qué tipo de terapia sería eficaz?
-La llamada terapia cognitivo-conductual, con participación de psiquiatra, psicólogo y familia. Eso logra equilibrar a los enfermos de TLP. Pero aquí están en mantillas.

-¿Qué fue finalmente de su hijo Ricky?
-Su pasión era su moto. Tras comer en casa aquella víspera de Reyes, salió: “Adiós, mami…”. Llovía, una curva… Se mató.

 


Más información:
“Mi hijo, personalidad borderline”, libro de Marina Foret. Descripción y descarga en PDF.