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La importancia de trabajar

Mi hijo probó muchos trabajos, que evidentemente no duraban, a veces se alargaban sólo un día o unas horas. Trabajos, algunos muy, muy duros, pero que él quería conseguir como fuera. Hizo de mozo de almacén, de repartidor de cajas de bebidas por los bares, de dependiente, … y lo peor de todo: trabajos en cadena, que le bloqueaban y no le dejaban llevar un ritmo normalizado. Todo esto le llevó a caer en una profunda depresión que lo mantenía inmerso en un mar de preguntas como: “¿Qué hago en este mundo?”, “¿Porqué yo?”, “¿Por qué he nacido?”, … para terminar diciendo: “Soy un inútil!”.

Mientras, su hermano y amigos se iban incorporando al mundo del trabajo, encontrando cada uno de ellos el lugar que les correspondía. Todo este sufrimiento me derrotaba y las ganas de llorar se fueron filtrando en mi interior. Todo me hacía llorar. Tampoco entendía porqué las cosas eran unos días tan diferentes de los otros. Mi hijo, tanto se veía un triunfador como un inútil. La angustia y el caos se fue apoderando de los dos. El desgaste de energía para mantener una cierta estabilidad era brutal.

Otro aspecto a destacar es que para él toda la problemática se localiza de la piel hacia fuera. La culpa de todo era y es del mal funcionamiento de la sociedad, de las “cabronadas” de los jefes, del entorno, de la injusticia del mundo y de tantas otras razones. ACAI-TLP me ha proporcionado información y me ha permitido compartir los síntomas del trastorno con otras personas que como familiares de enfermos se encuentran en la misma situación. He podido observar como otros miembros de la Asociación podían comunicar sus sentimientos mientras yo no los sabía verbalizar, pero escuchándolos y diciéndome: “Esto a mi también me pasa”, he ido poniendo un poco de orden en mi cabeza y también en mis sentimientos. Poco a poco he podido ir reduciendo la ansiedad y he aprendido a relativizar las situaciones. No me crispo tanto y por tanto no nos enfrentamos tan a menudo. Soy más tolerante y no pretendo resultados absolutos. Digamos que me conformo con poca cosa y que doy prioridad a estar bien en casa.

A veces se aísla…, no explica nada durante días y días…, mientras intento no preguntar demasiado, puesto que sé que le molesta mucho. No dice donde va ni de donde viene, casi no saluda al entrar o salir de casa. Eso sí, entonces el día que él quiere, tengo premio!: explica más y más. Pero eso pasa sólo cuando él tiene necesidad, mientras vivimos en una cierta calma y tranquilidad y nos respetamos en silencio. Estoy contenta de todo lo que he ido consiguiendo, pero aún me quedan muchas dudas. Toda la vida será igual?. Estoy dispuesta a que sea así, pero hasta que punto puedo ir estirando y poniendo pautas para mejorar la convivencia?. Él es un chico absolutamente caótico: no recoge nada, pierde las cosas, no sabe donde las deja… este caos incluye también los aspectos de higiene personal y general.

Como que intentando hablar de ello o pactando no conseguimos nada, mi marido y yo cuando vemos una gran cantidad de videos, cd’s o cassetes por ahí los requisamos y no se los devolvemos hasta pasado un mes. Esto es un buen ejemplo de nuestra intervención para conseguir que deje de practicar ciertos hábitos. Pero yo me pregunto: cómo hacer para conseguir que practique nuevas costumbres que harían mejorar su conducta y su orden?. Sería positivo para todos que recogiese su roba, su cuarto de baño, sus platos, sus zapatos, papeles y papeles, los extractos del banco, en fin todo aquello que le es personal. Pero no es fácil, cuando te diriges a él para hacerle una observación sale corriendo porque ha quedado con alguien, tiene mucha prisa, ha de hacer una llamada urgente… o cualquier otra cosa, que no le deja centrarse en lo que se le pide.

Las pautas de conducta y las estrategias a seguir son lo que más me cuesta, porque nunca estoy segura de cual es el punto justo. No sé si exijo mucho o poco. Este es ahora mi gran dilema.

Superadas las crisis que he mencionado al principio, él ahora está mucho mejor. Desde que empezó a trabajar con un amigo de la familia (los primeros meses sin cobrar) su estado de ánimo se ha normalizado. Ha pasado de una gran depresión a tener ilusión en la vida y en el futuro. El trabajo le obliga a llevar un horario y a organizarse el tiempo libre. Hemos visto crecer su autoestima y el trabajo le permite una cierta independencia social, aunque no económica, ya que como he comentado su trabajo no es remunerado por ahora. Pero en cambio le hace sentir estimulado y enriquecido en relación a las otras personas y a la sociedad en general porque para él es muy importante poder decir que tiene un trabajo.

Con todo esto quiero deciros como es de importante la inserción laboral y que cada uno encuentre su lugar. Los resultados pueden llegar a ser muy satisfactorios. Ellos pueden empezar a comprender “qué hacen en este mundo” y sentirse útiles. Yo, ahora ya hace tiempo que tengo la suerte de no escuchar: “Mamá, porqué he nacido?”.