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El TLP no es como un resfriado

Voy a cumplir 23 años, tengo un hombre a mi lado que me respeta y quiere tal y como soy, un hijito con un mes y una semana y soy muy feliz.

Soy una chica con TLP, no es algo que se cure como un resfriado, que se te pasa por completo y en el invierno siguiente vuelves a estar igual. Es algo más complicado, y supongo que aquellas personas que padecen TLP saben de qué hablo.

Lo que sucede es que yo, con ayuda profesional, conseguí aprender cada día una cosa nueva que me ayudó a encaminar mi vida hacia lo que solemos llamar estabilidad. Y aún a día de hoy, sigo aprendiendo, pero ahora, por mi misma…

De pequeña, era una chiquilla insegura, tanto, que mi propio tío me puso el apodo de “La chica no sé”. No sabía tomar mis propias decisiones, y vivía rigiéndome por lo que los demás esperaban de mí… Que fuera más lista, más espabilada, menos tímida, más guapa, delgada, y una cantidad innumerable de cosas, que no soy, que ni siquiera se acercan a lo que soy. Y así empezó mi círculo vicioso de hacer lo que los demás querían, y reprimiendo lo que sentía, lo que yo realmente quería. Era una persona sumisa, como el que tiene un perro que quiere correr y lo ata sin dejarlo respirar.

Un día, exploté, e intente suicidarme, no resultó, me ofrecieron ayuda, la rechacé, y volví a intentarlo, ésta vez acabando un día y medio en la UCI.

Volvieron a ofrecerme ayuda, y acepté, por el simple echo de haber visto la cara de mi madre al despertar mientras todavía estaba medio comatosa. Y sin ganas empecé una terapia ambulatoria en el Hospital General de Catalunya.

Al principio no quería ir, no quería hablar con los médicos, en la terapia de grupo no participaba y no era capaz de mirar a mis compañeros a la cara, estaba incómoda.

Poco a poco empezaron mis compañeros a abrirse, y yo a participar en las conversaciones, pero sin contar mis problemas. Un día, mi psiquiatra me dijo que si quería seguir hundida el resto de mi vida y hundir a mi familia conmigo; que aunque a mi me pareciese que era un estorbo y alguien que solo da problemas, ellos jamás desearían que desapareciese, sino, no habrían hecho nada para impedir mi muerte. Y me hizo pensar.

A la semana siguiente, empecé ha hablar con la psicóloga, con el psiquiatra, y a participar más en la terapia, hasta que vi que aquello realmente funcionaba, tenía un apoyo, personas con las que podía ser yo misma, si estaba enfadada gritaba, si estaba triste lloraba, si estaba contenta no paraba de hablar, y no siempre de los problemas, a veces hablábamos de cosas sin importancia, por el simple echo de que podían parecer inútiles, pero en realidad no lo eran, como para mi en aquellos momentos pasear con mi perra, que me ocupaba el tiempo, me divertía, y no me hacia pensar en el pasado.

Con el tiempo llegó a gustarme ir al Hospital, donde sentía que mi opinión contaba y dónde me sentía protegida, y aquella ayuda que al principio rechacé, pasó a ser la mejor decisión que he tomado. Y a día de hoy, nunca me arrepentiré.

Ellos no me contaron como solucionar mis problemas, ellos no me marcaban las pautas a seguir, ni me indicaban el camino por donde tenía que ir. Simplemente me enseñaron a ver todas las opciones que tengo en la vida, me obligaron a tomar mis propias decisiones, acertadas o equivocadas, para después hacerme consciente de las consecuencias, fueran las que fueran. Me enseñaron a utilizar lo que yo ya sabia y no utilizaba, y/o habilidades para no frustrarme si las cosas no iban como a mi me gustaría. Y con el paso del tiempo, no me hacia falta la opinión de éstas personas, contaba mis problemas, o mi día a día sin miedo a que me juzgaran, sin miedo a lo que me pudieran decir, aprendiendo de mis errores, y colgándome una medalla cada vez que hacia algo bueno. No necesitaba que nadie reconociera mis méritos, porque ya sabia que lo había hecho bien y con eso bastaba. Aprendí que en la vida, las cosas me pueden ir bien, pero que el día de mañana puedo recaer  que me vayan mal, que nunca voy a ser como los demás, ni como los demás quieren que sea, que el TLP que “padecí”, puede “volver”, pero también aprendí lo suficiente  como para no dejar que vuelva a florecer lo que un día me perjudico tanto, “hierva mala nunca muere”, y por eso, cada vez que me veo en  una situación que me puede perjudicar, que no me gusta, o no me conviene, hago lo posible por hacer que sea más llevadera, la aparto, o la acepto, la afronto, y  aunque me cueste, la supero. Es lo mejor que puedo hacer.

Y así es como a día de hoy, después de mucho tiempo de lucha por salir de mi depresión, de muchas piedras en el camino, de recaídas, de alegrías, de vueltas a recaer, y de recoger mis pedacitos del suelo, ahora tengo lo que tengo. Todo gracias a las personas que me ayudaron a ver que yo era más de lo que creía, y esos son la Dra. Araceli, pero sobre todo el Dr. Miquel Gasol, siempre lo diré, no sé que habría hecho sin su ayuda, posiblemente ahora mismo no estaría en la situación en la que estoy y seguiría hundida en mis pensamientos, y en mi mar de dudas, desconfianza y navegando en un bote sin rumbo.

Sé que no es fácil, porque para mi no lo fue, pero sobre todo y ante todo sé, que tuve la fuerza de voluntad suficiente para querer salir de donde me metí, y cada día me doy las gracias por ello. Ahora tomo mis decisiones, si a alguien no le gusta, lo siento, pero yo soy así, y soy feliz siendo yo misma. Y ante todo, me he dado cuenta de que hago más feliz a la gente de ésta manera, que no como era antes.

He reunido las fuerzas suficientes para recuperarme, y miro hacia atrás, todo lo que pasé, y lo mal que lo pasé, y no quiero volver a ser víctima de mi misma y de mi pesimismo, porque, al fin y al cabo, nunca me aportó nada bueno.