La mentira en el TLP: Como actuar

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Diana Molina.

El tema de la mentira en el Trastorno Límite es un tema polémico. En el trabajo con los padres les intentamos transmitir una actitud compasiva hacia sus hijos derivada de comprender el grado de sufrimiento que tienen que tolerar. Poco a poco los familiares van ampliando la definición de su hijo, pero hay cuestiones que siempre salen y que interfieren en que puedan desarrollar esa actitud empática. Entre estas está el tema de la manipulación y el de la mentira. En este capítulo intentaremos aclarar interrogantes relativos a la mentira.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la define como ” Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”. Esta definición es puramente descriptiva: pone en palabras el hecho, pero no incluye ningún juicio sobre la persona que la usa, ni sobre sus intenciones. Esta definición contrasta con la connotación peyorativa que tiene la palabra mentira. Podríamos decir que esta se deriva de dos hechos: se considera una forma de actuar indeseable y que devalúa al que la usa, atribuyéndole la intención de engañar al otro y en segundo lugar se contrapone “mentira” a “verdad”, apareciendo la verdad como una realidad objetiva.

No obstante esta valoración negativa, todos sabemos que hay “mentiras y mentiras”. Con algunas sentimos que nos han querido burlar de forma descarnada. Con otras decepción y tristeza sobre todo por el otro, ya que nos preguntamos: “¿no podía habérmelo dicho? Y en otras ocasiones una mezcla de ambas emociones. Expliquemos un poquito porque sucede esto si todas son mentiras.

Podríamos caracterizar la mentira como un continuo en base a la intención que la produce. En un extremo se encuentran la mentira autoprotectora. Esta se suele dar como respuesta a las preguntas de los otros y nace ante  la necesidad de protegerse de la crítica del otro, de la crítica de si mismo o de tener problemas.  En este caso sentimos que el que miente tiene “miedo” a algo que a veces es muy concreto (“que me regañen”) o a veces es más inespecífico. Engaña, sí, pero porque es débil y no sabe como manejarse consigo mismo, con su entorno o con sus dificultades. Esta mentira nacida de la debilidad es aquella en la que nos apiadamos del otro. Es una mentira reactiva: si no le hubiéramos preguntado probablemente no hubiera mentido. En el otro extremo del continuo se encuentra la mentira fría. Esta se caracteriza porque la persona actúa para conseguir un beneficio propio (por ejemplo cuando se falsifica un firma) o bien para perjudicar al otro (por ejemplo al hacer una calumnia del otro). No se coloca en el lugar del otro y no le importa lo más mínimo.. No aparece como respuesta a nada, sino como la forma preferente de abordar las situaciones, no existe remordimiento ni culpa. La persona piensa y premedita como engañar al otro y la expresión máxima es “el fin justifica los medios”.

¿Qué sucede en el trastorno límite? Podemos reflejar diferentes patrones. Está la persona que sólo tiene un trastorno límite. Como en el caso de la manipulación su intención prioritaria no es engañar al otro, sino defenderse a sí mismos (mentira autoprotectora). La mentira nace de un bajo autoconcepto y de la necesidad de ocultar aquello que les hace sentirse avergonzados. Se pueden sentir avergonzados porque les ha costado sacar una tarea y consideran que todo el mundo la saca fácilmente, o porque piensan que algo lo tenían que hacer mucho mejor o porque no han cumplido con algún compromiso y sienten que el otro les acusará o nos les comprenderá. Como vemos la persona con trastorno límite va a tener muchos motivos por los que mentir. Tras hacerlo no se sentirá bien, probablemente sentirá culpa y remordimiento aunque quizá no en el momento y es muy probable que le sirvan para continuar mintiendo o para alimentar el resto de su problemática (beber, aislarse, pensar que los demás no les quieren…)

Una situación muy diferente se da cuando además la persona tiene un trastorno por consumo de sustancias. En este caso la mentira se forma en un proceso. En un primer momento es autoprotectora. Tiene las mismas características que hemos explicado anteriormente, salvo que está dirigida a ocultar sus consumos a los demás. A medida que la adicción se va configurando como tal, la mentira se establece y la persona comienza a autoengañarse. El autoengaño se muestra cuando siente y dice “lo puedo dejar cuando quiera”, es decir, considera que tiene el control sobre sus consumos. Su realidad interna empieza a estar deformada. Aquí “la mentira al otro” nace de “la mentira a uno mismo”: la persona se cree lo que dice y se protege de si mismo antes que de los demás.  Si tiene momentos de remordimiento y culpa, en seguida los combate diciéndose “no pasa nada, esta va a ser la última vez”. El éxito de este mecanismo no es completo y hay un momentos puntuales que se da cuenta de que no está controlando. Si dispone de un entorno en quien confiar podrá confesar sus problemas y cortar un círculo que se retroalimenta a sí mismo. En este caso, sigue siendo una mentira autoprotectora pero es cualitativamente diferente: está dirigida a anularse a sí mismo, a su propia conciencia.

Por último si la persona tiene rasgos antisociales, tanto si tiene adicción como sin ella, puede seguir presente la mentira defensiva, pero la que sin duda se hace más sobresaliente es la mentira fría. Se convierte en una forma de vida. La persona piensa y premedita como engañar al otro. De hecho en la Trastorno de personalidad antisocial es un criterio diagnóstico. Así el DSM IVR expresa “las personas con este trastorno desprecian los deseos, derechos o sentimientos de los demás. Frecuentemente engañan y manipulan con tal de conseguir provecho o placer personales (p.ej., para obtener dinero, sexo o poder). Pueden mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros o simular una enfermedad”.

¿Qué hacer delante de la mentira? Sin duda la familia es la que primera que está preocupada por las mentiras y las que las detecta más frecuencia. Suelen pedir consejo sobre cómo actuar. Daremos unas orientaciones prácticas:

  1. Valorar hasta que punto sus mentiras pueden estar mantenidas por actitudes nuestras rígidas o críticas.
  2. Es necesario “estar disponible”, tener abiertos los canales de comunicación. Es muy posible que estemos quemados, pero debemos de ser conscientes que sólo desde la proximidad podremos hacer algo.
  3. No basta con intuir que algo es mentira: hay que estar seguro.
  4. Buscar un momento oportuno para hablar con la persona. Un momento en que esté receptivo.
  5. Describir la mentira, situándola en una situación concreta encuadrada en un momento, unas personas, un lugar. Por ejemplo “cuando estabas en tal situación, con tal persona….has dicho tal cosa y por “x” motivos eral tal otra”. Es muy importante evitar hablar en  general, por ejemplo, “siempre mientes”
  6. No enjuiciar a la persona, es decir, no hacer presunciones respecto a sus intenciones. Es muy diferente decir “has mentido cuando….” que decir “eres un mentiroso”.
  7. Relacionar la mentira con las consecuencias negativas que tiene para esa persona (generar falta de confianza, perder relaciones, sentirse culpable…). Se trataría de desligarlo de nosotros como padres y afectados de su actitud y dirigir su atención hacia ellos mismos. Por ejemplo una madre que escuchaba como su hija contaba versiones diferentes de su trabajo, le dijo:”que difícil debe ser después recordar que has dicho a cada uno de ellos”.

El objetivo de esta forma de actuar no es tanto liberar nuestra ofensa como ayudar al paciente a que piensa más allá del momento y deje de vanalizar y de usar la mentira, pero no porque es una norma o algo que está mal hecho, sino porque encuentre razones personales.

Partiendo de que la mentira es difícil de reducir, debemos comentar de depende de cual sea el diagnóstico de nuestro hijo veremos que esta es más resistente. Si las tuviéramos que ordenar de menor a mayor en cuanto a la dificultad para cambiarlas, tendríamos primero la mentira autoprotectora, después el autoengaño y finalmente la mentira fría.

Por último a nivel terapéutico, seguro que los terapeutas de diferentes orientaciones teóricas la trabajan, pero la única terapia que la contempla dentro de su protocolo y como algo específico a trabajar es la Terapia Dialéctico Conductual. Esta ordena los objetivos de trabajo por orden de importancia y, sin querernos extender en describirla,  establece que los primeros son las “conductas suicidas y parasuicidas” y  los segundos las “conductas que interfieren la terapia”, incluyéndose aquí la mentira ya que difícilmente se puede progresar en cualquier objetivo (miedos, ansiedad, problemas de relación, etc…) si la persona oculta información. Por tanto se constituye como un objetivo de trabajo en sí misma, porque la propia persona no se siente juzgada por el terapeuta y accede a combatirla.

Cuando la familia ha detectado una mentira se suele preguntar si el terapeuta lo sabe. Es posible que sí o que no. En todo caso, si se trata de una conducta problema el terapeuta la trabaja o la va a trabajar. Y en muchas ocasiones la información proporcionada por la familia “en secreto” sólo puede dificultar la relación terapéutica.