Grupos de ayuda mutua de afectados – “Con el TLP tienes roto el regulador de las emociones”

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Carlos García Isla. Artículo de Ana Macpherson, La Vanguardia, 30/10/2021 (fragmento)

Es un experto en su enfermedad mental, un trastorno límite de personalidad (TLP). También es experto en aprender habilidades para no sufrir más de la cuenta. En desmenuzar los escenarios para desactivar el dolor o manejar las pesadillas que vuelven una y otra vez. Y ahora dinamiza grupos de ayuda mutua, un mundo horizontal donde todos pueden hablar.

“Le pierdes el miedo a la ansiedad, la asfixia, el dolor en el pecho que creías que te iba a producir la muerte. Las habilidades que me han enseñado me sirven para manejar eso. Yo me lanzaba a trabajar sin descanso para combatir el convencimiento de que se me iba a parar el corazón. Ahora me bajo al patio y despacio corto hojas, podo, limpio, respiro…. Manejo la distracción. Si es muy fuerte el ataque, corro en la elíptica. Sé que al liberar endorfinas me mejora la ansiedad. Cuando me siento más feliz de la cuenta, sé que tengo que bajarme. Me pongo canciones tristes”.

Todo tiene su protocolo en quienes se tratan con dialéctica conductual, además de con fármacos. “Cada persona tiene un plan creado para afrontar las crisis: uno si es en casa, otro si es en la calle. Yo por ejemplo, si me ocurre en el Metro, cojo el móvil y juego. Lo que no puedo hacer es quedarme parado y ver cómo me come la angustia o la ansiedad”.

Desde hace unos años usa todo su saber en los grupo de ayuda mutua, los GAM, donde quienes sufren como él pueden encontrarse y darse pistas de cómo hacer frente a los inmensos retos que su dolencia les va poniendo día a día por delante. “Yo puedo dinamizar, pero es siempre una reunión horizontal, la base es el respeto mutuo. Todos sacamos partido de los otros. No hay consejos, solo ideas de lo que a cada cual le funciona. Eso sí, no hablamos de fútbol, ni política ni religión. Lleva al conflicto”.

Sí, en cambio pueden hablar con toda su crudeza de que no pueden levantarse pata ir a trabajar, o de las pesadillas recurrentes y de cómo desmenuzarlas para detener su efecto.

Y ha ido más allá. Ha formado parte de una investigación que ha medido la eficacia de esos grupos como parte del tratamiento de los pacientes. Y así lo explicó en una jornada en el hospital del Mar sobre el papel de los pacientes en la investigación. “Necesitamos mucha más investigación y dinero. No hay ni un folleto sobre los grupos de ayuda mutua. Yo tuve la enorme suerte de que la psicóloga Carmen Sánchez, del equipo que me trata en Santa Coloma de Gramenet, me lo propusiera y me entrenaran en las habilidades que utilizo.”

Se ha roto varias veces. De niño, con una historia de terror con una madre enferma mental no diagnosticada; de adolescente, transformado en un chico violento; de joven, albañil convencido de estar muriendo cada vez que paraba… El diagnóstico tardó muchos años y puso en marcha una vida de pareja y padre que a punto estuvo de interrumpir un accidente laboral que le dejó imposibilitado para el trabajo: pensionista. “Y ahora qué hago. Empezaba a socializarme y se me rompió mi burbuja de seguridad. Me mandaron al centro de Torribera, de Santa Coloma de Gramenet, para una posible terapia y ahí empecé. Y me volqué”.

La terapia le permite identificar qué le está subiendo en ese momento y tener preparadas vías de escape o contramedidas para aplacar, aguantar y que se pase. “Con el TLP tienes roto el regulador de las emociones así que si eres capaz de tomar el timón tienes el 50% resuelto y puedes vivir linealmente, con algunos picos, pero puedes”.

Sabe como rebajar la angustia y la ansiedad, Y distinguirlas. “Las más difíciles, las fieras más grandes son la tristeza y la ira. La tristeza es la más difícil de lidiar. Para la ira tengo un saco de boxeo y un método para apagarla: la comunicación, hablar”.

“Si un día ves que no hay salida y no puedes con alguna de ellas, ve al hospital y pide ayuda. Suicidarte no es una opción. He tenido seis intentos, cuatro por llamar la atención. Pero hay quien no calcula. En uno de ellos estuve dos horas en coma. De verdad, no quería estar en este mundo, pero sentí el miedo más grande de mi vida. Nadie sabe el miedo que se pasa. Por eso es tan importante que podamos hablar”.

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