Falsas creencias sobre los ‘borderline’

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Marta Costa. El País, 10/02/2004 (fragmentos)

Pocos diagnósticos en psiquiatría son tan complejos como el de la personalidad ‘borderline’, un trastorno que suele asociarse erróneamente a una inteligencia por debajo de la normalidad. Pero esta patología, que afecta a un 2% de la población, nada tiene que ver con la inteligencia. Quienes la sufren están sumidos en una permanente inestabilidad emocional.

Qué es un borderline? Muchos responderían: una persona ligeramente por debajo de una inteligencia normal. Pues no es así. Asociar la patología borderline o Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) a un índice de inteligencia que oscila entre la normalidad y la deficiencia psíquica es una confusión muy extendida en la sociedad. Pero este trastorno, que afecta a un 2% de la población, no es sólo desconocido por la gran mayoría de las personas profanas en psiquiatría. Los propios especialistas coinciden en que el Trastorno Límite de la Personalidad constituye un terreno casi virgen para la investigación y admiten que los pacientes suelen obtener el diagnóstico certero de la enfermedad después de un largo periplo por los servicios de urgencias y por las consultas de psicólogos y psiquiatras. En cualquier caso, no es un problema de inteligencia.

Fracaso escolar, hiperactividad, depresión, abuso de drogas, bulimia y anorexia, fobias e incluso intentos de suicidio: éstos son los motivos de consulta médica más frecuentes, pero en realidad “no son más que distintas caras de este poliedro complicado que es la personalidad borderline”, afirma Francisco Sabanés, el psiquiatra que trató al hijo de Marina Foret, fundadora de la asociación ACAI-TLP de ayuda e investigación del Trastorno Límite de la Personalidad.

Los pacientes borderline son sumamente sensibles al rechazo y a la mirada crítica de los demás, lo que les lleva a evitar la vida social. Tienen una gran dependencia con sus allegados, aunque al mismo tiempo les culpabilizan de todo lo que les ocurre, creando a veces situaciones de intensa violencia.

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Las adicciones y el descontrol alimentario (bulimia y anorexia) son muy habituales entre estos pacientes, que recurren a ellos como una válvula de escape a la permanente inestabilidad emocional y el caos personal en el que viven. “Parece que nada pueda compensarles su gran vacío interior”, señala Fernando Lana.

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Difundir todos los conocimientos que se tienen de este trastorno es fundamental para facilitar un diagnóstico precoz y no demorar la aplicación de la terapia adecuada. Así lo advierte Lana. Los diversos síntomas aparecen a menudo en la infancia, pero es durante la adolescencia cuando el trastorno se manifiesta en toda su magnitud. Esto dificulta su diagnóstico, pues muchas veces el médico achaca los motivos de la consulta a los problemas propios de la edad. “De ahí la necesidad de una mayor información entre los facultativos, incluidos los de atención primaria, sobre esta enfermedad”, señala Fernando Lana.

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El enfermo borderline es un paciente “incómodo” para los psiquiatras. “A ningún médico le gusta un paciente que no se presenta a las consultas, que deja con facilidad el tratamiento o que, al ser dado de alta tras un ingreso de varios días o meses, sigue estando exactamente igual que antes”, admite el psiquiatra Fernando Lana.

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Psicólogos, psiquiatras y familiares insisten en la necesidad de una red de recursos que incluya desde centros de día, programas de psicoterapia ambulatoria, centros de ingreso específicos y programas de apoyo a las familias. “Los profesionales que en España abordamos este trastorno lo hacemos por iniciativa y empeño propio”, recuerda Lana, quien apela a las administraciones públicas para que aborden el trastorno como un problema de salud de considerable importancia.

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El tratamiento no cura la enfermedad, pero mejora sustancialmente la calidad de vida del paciente y de su entorno y permite que las recaídas sean menos frecuentes. “Me gustaría transmitir esperanza a los padres con hijos borderline. Yo confío en que un día lleguemos a tener una vida digna. Mientras tanto, pienso: cada día que pasa bueno mi hija, es un día que hemos de disfrutar”, explica la madre de la adolescente enferma.